Mulleres Bravas

Mulleres Bravas

Diseño e implementación de la estratexia de comunicación del proyecto: Mulleres Bravas, defensoras da vida, de Amigos da terra y Enxeñería sen Fronteiras

Fecha: 2022

Financiación: Xunta de Galicia

Nuestro modelo de vida hiperconsumista está generando un boom del extractivismo a nivel mundial, necesario para conseguir la gran cantidad de recursos que este sistema precisa. Además, existen países donde la protección social y ambiental es más endeble, por lo que las corporaciones encuentran más rentabilidad para sus negocios y a menudo se alian con las élites para mantener a toda costa sus privilegios. Esto tiene consecuencias, como la migración de miles de personas o la represión a los movimientos que defienden su tierra.

De uno de estos países, Honduras, vinieron nuestras «Mulleres Bravas». Ellas son productoras, agricultoras, ganaderas y además pertenecen a grupos organizados que defienden ecosistemas clave o se oponen la grandes obras extractivistas. Son ejemplos de valentía en un contexto peligroso y violento para el activismo en general, y para las mujeres en particular. Honduras es uno de los países con una mayor tasa de asesinatos de defensoras de derechos humanos del mundo.

A pesar,  por tanto, de que la amenaza del extractivismo incontrolado en un entorno de debilidad institucional es mucho mayor, las problemáticas de Honduras y Galicia son manifestaciones del mismo sistema y las estrategias de las corporaciones parecidas. En Galicia, asistimos los últimos años al auge de la nueva minería y de los intentos por reactivar antiguas explotaciones, la amenaza de los parques eólicos, el fenómeno de las macrogranjas, el agotamiento de los recursos pesqueros…

Entre los meses de marzo y mayo del 2022, en el marco del proyecto «Mulleres Bravas» desarrollado por Amigos da Terra y Enseñería sen Fronteiras, Karina, Cora, Adolfina, Francisca y Leni visitaron nuestra tierra. Nos hablaron de sus luchas, que son también las nuestras, y de sus esperanzas, que sin duda compartimos. Agareso fue la entidad que diseñó y coordinó la estrategia de comunicación de estos encuentros, para que las luchas de estas mujeres valientes se amplificasen y sus voces llegasen lo más lejos posible.

Porque para defender la tierra, el agua, la vida,

aquí o allí,

hay que ser muy brava

Yeni Karina Aguilar

Mandaban carros a la comunidad cuando estábamos en el campamento en la noche. A mi me persiguieron dos veces. Siempre estamos expuestas»

Yeni lleva la lucha metida en el cuerpo. Solo tiene 23 años y ya acumula cinco batallando contra el megaproyecto fotovoltaico que amenaza su pueblo. Para defenderlo pasó nueve meses viviendo en un campamento improvisado en una zona donde pretendía instalarse la empresa. El 8 de marzo del 2017, como si de una lección a las mujeres allí instaladas se tratara, el juez dictó un desalojo y la maquinaria entró. Las que allí estaban fueron perseguidas, hostigadas, criminalizadas. Denunciadas. Sin embargo, y a pesar de que el activismo se paga muy caro en Honduras, Yeni nunca cesó en su empeño. La denuncia que le pusieron por “daños a la propiedad privada” fue archivada por falta de pruebas y con el apoyo del 97,3 % del municipio de Namasigüe consiguieron declararlo como zona libre de Minería y Fotovoltaica. Hasta ahora.

Y es que as veces, para defender la tierra, hay que ser muy brava.

Coralia Argentina Turcios

«No tengo miedo, mi comunidad me apoya, y si tengo que defender nuevamente el mangle, lo haría otra vez»

Cora, como le llaman en su comunidad, es sobre todo una mujer valiente. Su lucha se centra en defender desde hace ya más de veinte años el mangle de la Bahía de Chismuyo, un refugio natural para miles de especies que en el año 2000 fue amenazado por los intereses personales del alcalde de la villa. Pretendía vender los bosques de mangle a una industria camaronera para su explotación. En ese momento Cora, como presidenta del Patronato Comunitario que era, se opuso al alcalde, y con tan sólo veinte años, lideró la defensa de los bosques de mangle, una de las zonas ancestrales  de su pueblo. Con el paso de los años otras amenazas vinieron, pero gracias a Cora y a otros defensores y defensoras como ella, los bosques de mangle de la Bahía de Chismuyo siguen siendo uno de los humedales mejor conservados del país.

Y es que as veces, para defender la vida, hay que ser muy brava.

Adolfina Contreras

“Quieren saquear nuestro cerro, pero por San Jorge no van a pasar. Somos una comunidad fuerte y unida y no nos vamos a quedar solos»

Adolfina, a pesar de que es maestra, define su profesión como defensora de bienes comunes. Los bienes de todos y todas. Pertenece a San Jorge, una pequeña comunidad en el municipio de Pespire. Es una de esas mujeres con una vida plagada de luchas, porque al final, defender el medio ambiente es también defender a las personas. En el año 2013 una empresa panificadora consiguió de manera presuntamente irregular la licencia para dragar un afluente del lo ríe Nagore en la búsqueda de arena, graba y otros materiales. La actividad minera afectaría a cuatro pozos y a este río que abastece de agua a más de 12 mil personas,  que ya en los veranos acusan períodos de sequía. Este fue el detonante para que Adolfina y sus compañeras y compañeros comenzaran una lucha titánica contra la compañía, consiguiendo declarar Pespire Libre de Minería. Fue un histórico día del año 2018.

Y es que as veces, para defender el agua, hay que ser muy brava.

Francisca Sipriana Muñoz

Francisca nació donde nace el río Tiscagu, por eso quizás defenderlo siempre formó parte de su vida. Por oponerse a la instalación de tres molinos para la extracción de oro en su cuenca, la echaron del trabajo. Pero esto solo la impulsó a organizarse junto a más de cuatro mil personas que se levantaron contra la industria minera. Recibió amenazas, pero finalmente la empresa dejó la comunidad. Luchadora, feminista, lleva más de 20 años compaginando la defensa del territorio y la defensa de las mujeres. También es agricultora y trabaja con otras mujeres en una escuela de campo para la producción agroecológica. Cultiva en su huerta biointensiva maíz, sorgo y frijol, además de muchos tipos de hortalizas.
Porque as veces la lucha es defensa, pero otras es búsqueda de alternativas. Otra manera de producir y cultivar. Otra manera de mirar hacia el territorio.

Leni Suyapa Betancourt

Leni recuerda con cariño el consejo de su abuela para que en casa no faltara el mamey, un árbol que tarda en crecer pero que es beneficioso para la tierra. Vivían a los pies del área protegida del Cerro de Guanacaure. Cuando se casó,  se encontró que la propiedad de su marido era árida y sin vida y se pasó años acarreando sacos de tierra cada vez que iba a visitar a su madre. Así poco a poco convirtió un terreno seco en un oasis de frutales y cultivos. Muchas organizaciones comenzaron a solicitar su casa para realizar capacitaciones, y a ella se le fue metiendo el activismo en el cuerpo. Ahora participa activamente en la defensa de su territorio ante las amenazas de la minería y de la fotovoltaica. También es ganadera sostenible, y forma parte de un grupo de mujeres organizadas que trabajan en el procesamiento y venta de la leche. Con los ingresos que generan fortalecen sus grupos de base.
Porque a veces para ser brava hay que ser como el mamey, crecer lentamente, pero por el camino ir dejando una tierra fértil en el que otros, y otras, puedan crecer también.

Los materiales están disponibles para descarga y son de libre difusión.

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