Esta mañana comienza en Madrid el VI Congreso Internacional sobre Innovación, Aprendizaje y Cooperación, CINAIC 2021, que se celebra tanto de forma online como presencial y en el que Agareso presenta el estudio “Educación, inclusión social y digitalización del aprendizaje: EpDLab como estudio de caso durante la crisis del Covid-19” realizado por Roi Guitián y María Lobo a partir del trabajo desarrollado por la organización en las dos últimas ediciones del EpDLab.

En su análisis, María y Roi relacionan aspectos tecnológicos y educativos con factores relacionados con la desigualdad social. Incorporan también diferentes informes europeos y estatales sobre educación digital como Open Public Consultation, Digital Action Plan o el Plan Nacional de Competencias Digitales. El objetivo de su investigación es ofrecer un diagnóstico y unas propuestas de actuación con respecto a la educación digital o e-learning, entendida como un factor clave en la construcción de una sociedad justa y equitativa, en garantizar la igualdad de oportunidades y en la lucha contra la exclusión social.

El esudio de caso se divide en dos fases: una primera iniciada entre marzo y junio de 2020, que se ejecuta de manera virtual y que sirve para realizar un primer diagnóstico. La segunda fase, se desarrolló durante el curso 2020-21 y en ella se aplica un modelo de aprendizaje mixto o blended learning.

Durante la implementación del modelo virtual en la 1ª fase, podemos destacar diferentes retos como el de que al basarse nuestro modelo pedagógico en el aprendizaje entre iguales, el hecho de que cada persona tuviera dispositivo individual y la posibilidad de desconectar en cualquier momento dificultó las interacciones y el aprendizaje en grupo.

Otro reto fue que el aula virtual no es entendida por el alumnado como un espacio paralelo al centro educativo, sino que percibe Internet como un espacio de entretenimiento y de ocio. Lo que también se vincula con las bajas competencias digitales detectadas en ciertas habilidades básicas: como moverse por un aula virtual o participar en una videoconferencia.

Y es que el alumnado no estaba preparado para el aprendizaje autónomo. A pesar de que las actividades fueron diseñadas con contenidos interactivos, vídeos y documentos explicativos, el alumnado necesitó la coordinación de una persona docente en un horario determinado, es decir, replicar el modelo de las clases presenciales.

Otro factor determinante fue el acceso a dispositivos. Según el CIS, en la mayoría de los hogares estos dispositivos son compartidos por dos personas, y solo en el 21,5% de los casos hay un dispositivo para cada persona. En nuestro caso, esto se tradujo en que parte del alumnado tenía que adaptarse a los horarios de otra u otras personas.

En lo que se refiere a los centros y coincidiendo con el análisis del Digital Action Plan, las instituciones educativas que tenían experiencia en organizar la enseñanza y el aprendizaje como un trabajo en equipo con un enfoque organizacional fueron capaces de adaptarse. En nuestro caso, se trató de un centro rural, el más alejado de núcleos urbanos de los 5 participantes.

Del mismo modo, el personal docente respondió de distintas formas a esta situación y un tutor manifestó no estar preparado para adaptar su docencia a una estrategia online, por lo que perdimos el contacto con el grupo por unos meses hasta que facilitó nuestra tarea para retomar el trabajo educativo con su alumnado.

Hubo un segundo grupo que no recuperamos en todo el curso. Las razones responden al factor socio-económico. Según un informe del CIS la mayoría de los hogares que no cuentan con Internet o con dispositivos electrónicos se corresponden con el sector primario, el trabajo doméstico no remunerado y las personas en situación de inactividad laboral diferente al desempleo.

Al preguntar por las razones: la mayoría reconoce no contar con las habilidades necesarias para hacer uso de la red. Así pues, citando el Digital Action Plan: “la situación socioeconómica de las familias jugó un papel crucial […] Los padres y madres con mayor formación estaban mejor posicionados para ayudar a sus hijos e hijas para sostener un ambiente educativo en casa”.

Estos resultados coinciden con nuestro diagnóstico: ya que las familias del grupo con el que perdimos el contacto pertenecían al tramo de ingresos más bajo o en situación de desempleo y con un bajo nivel de formación. El resultado fue la completa desvinculación de un alumnado con importantes necesidades de apoyo.

Ante la incertidumbre previa al curso escolar 20-21, en 2ª fase optamos por contemplaruna estrategia de blended learning, en este modelo la mitad de las sesiones fueron presenciales, aunque se desarrollaron con materiales y contenidos ubicados en el aula virtual, y la otra mitad fueron virtuales, desarrollándose sin nuestra presencia en el aula pero con nuestro soporte a distancia.

Las actividades se desarrollaron en horario lectivo, asegurando el acceso a equipamientos electrónicos con conexión a Internet para cada persona gracias a programas específicos de cesión de equipos del gobierno autonómico. Por otro lado, todo el grupo contaba con el mismo apoyo de forma igualitaria garantizando el acceso a una educación universal y de calidad.

Esta gráfica muestra la diferencia en la realización actividades completas desde casa que baja a un 34% o de forma virtual desde el aula que fue prácticamente del 100%. Por tanto, creemos que el éxito de la integración del e-learning no depende únicamente de las infraestructuras, del acceso a equipamiento, de la competencia digital o de la adecuada traducción de las pedagogías, sino a todos estos factores interrelacionados.

Del mismo, modo, incorporamos también en esta segunda fase aulas virtuales abiertas que permitieron a más centros educativos participar en el proyecto, cursos específicos para profesorado y guías de uso para libre descarga entre otras estrategias y acciones. Aún así, creemos que esta situación implica demasiados riesgos y que el acceso a la educación no puede depender de la situación socio-económica del alumnado o del centro educativo.

Así pues, las competencias digitales del profesorado, de los equipos gestores, de las familias y de las personas cuidadoras son la clave para conseguir que nadie se quede atrás por razones económicas o sociales, pero también están en estrecha relación con el contexto socio-demográfico y la agenda política a nivel estatal, regional y local.

Con nuestra intervención en el CINAIC, queremos reivindicar la conectividad y el equipamiento adecuado, el acceso a plataformas enfocadas al aprendizaje para toda la vida y a herramientas digitales que apoyen este proceso, al tiempo que poniendo en valor la digitalización de la enseñanza como un factor determinante para desarrollar la equidad, la igualdad de oportunidades, la alfabetización digital y mediática y la reducción de las desigualdades».