Por Sofía Caamaño, Pablo Santiago, Laura Pertierra y Pablo Romero

(Reportaje realizado por el alumnado del VI Seminario de Xornalismo Social e Cooperación que obtuvo como premio a su trabajo un viaje para conocer la realidad marroquí con las ONGD Agareso e ACPP)

Eran las cuatro de la mañana y las calles de Berkane tenían vida propia. Personas y coches se fusionaban en un armónico caos. Para algunos remataba la noche o comenzaba el día y para otros se iniciaba lo que sería un seísmo cerebral, de los que derriban las fachadas y dejan a cielo abierto las raíces.

Entre chilabas y mezquitas se esconde en Berkane una iglesia católica, que fue objeto de crítica por parte de la ciudadanía marroquí pues se pensaba que allí se convertían musulmanes a cristianos. La realidad es que entre las cuatro paredes del templo se refugia el trabajo de la asociación Home et Development presidida por Najib Bachiri, que trabaja, sobre todo, con inmigrantes subsaharianos que atraviesan parte del continente para llegar a la utópica Europa y que en muchas ocasiones acaban encontrando su futuro en Marruecos. Más oportunidades a menor coste. Dentro de esa realidad vive Edith, camerunesa que atravesó el desierto agolpada en un autobús con la intención de encontrar un lugar mejor para vivir. Según cuenta, durante el viaje abusaron sexualmente de ella en repetidas ocasiones y tuvo, incluso, que beber su propia orina para poder sobrevivir. Ahora que está embarazada, desvió la mirada del viejo continente y espera asentarse en Marruecos.

  

Boubacar, natural de Guinea-Conakry, huyó de su país por cuestiones políticas y llegó a Marruecos con la intención de ayudar a la comunidad migrante subsahariana allí asentada. En la actualidad desarrolla esta labor en el seno de la asociación Asticude, en Nador. Con el tiempo, se ganó la confianza de las personas con las que trabaja y a pesar de no recomendar el viaje caro Europa por el trato que allí reciben los inmigrantes, cuenta que en una ocasión realizó el recorrido desde los bosques hasta las lanchas con uno de los grupos “para saber cómo es la experiencia” y asegura: “Es un viaje muy duro, son muchas horas en muy malas condiciones”. Personas que huyen sin ningún lugar al que ir.  ¿La solución? Según Omo Omoruyi de la Asociación Ahlam en Tánger, piensa que “todos tenemos que trabajar para conseguir que la gente no tenga que marchar a Europa, que puedan tener un trabajo en Marruecos”.

Llegar allí, a Tánger, es cómo atravesar, a simple vista, la frontera cara el lujo. Publicidad, grandes multinacionales, personas occidentalizadas. Una superficialidad que esconde, debajo de tanto maquillaje, la cara más cruda de Marruecos. Mohamed Antit, trabajador de Ahlam, asegura que una gran parte de la población de Tánger no está reconocida, por ser éstas personas que habitan las calles de la ciudad. El impresionante paseo marítimo contrasta con la realidad de la la medí ya entrada la noche. Las gigantescas fotos del rey Mohamed VI por toda la urbe, con un oculto movimiento monárquico entre ciertos sectores de la población. El descontento con el sistema está emergiendo en Alhucemas. La constante presencia en la calle deja entrever la magnitud de las policial actuales protestas de la ciudadanía, que son solo la punta del iceberg que conforma el país. Mohamed El Andaloussi, miembro de la asociación ecologista Azir, habla de un sistema corrupto y de una situación social caótica. Allí, en Alhucemas, el paro juvenil es del 30%. Y los que consiguen trabajo en el país, en qué condiciones. Ghassane Koumiya, de la organización Atawassoul, habla de cómo un elevado porcentaje de la población joven se ve obligada a emplearse en fábricas de multinacionales extranjeras deslocalizadas en Marruecos en “terribles condiciones y con un salario muy bajo”. Ghassane asegura que, a pesar de que la ley marroquí lo prohíbe, en este tipo de instalaciones trabajan menores de edad que, una vez las mujeres se quedan embarazadas o superan los 40 años de edad, son despedidas. Sin ningún sitio a dónde ir, sus hijos y hijas se ven obligadas a conseguir un empleo en una de estas fábricas creando, de este modo, “un empobrecimiento sistemático”.

  

Dentro del empobrecimiento y la desigualdad, uno de los grupos que se ve más afectado es el colectivo femenino. Fátima Lemmah, de la Asociación Unión de Acción Feminista, habla de un machismo sistemático asentado en la sociedad marroquí que aprueba un papel pasivo de la mujer en las casas y la limitación de la escolarización de las niñas. Para Fátima, la solución radica en “educar la población, tanto masculina como femenina”. Por los derechos de las mujeres, y más en concreto de las madres solteras, luchan también desde 100% Mamams. Con sus iniciativas quieren reducir la precariedad y exclusión social de este colectivo, instruir en la prevención de embarazos no deseados y mejorar a colaborar en la busca de empleo y, por lo tanto, en la inserción social. Para ellas, es vital a comunicación de esta problemática para la concienciación de la ciudadanía y por eso crearon la radio de 100% Mamams, en la que son las propias madres las que se ponen delante del micrófono para hablar de su situación y otras problemáticas relacionadas con el colectivo femenino.

Tánger amanecía un día más. Los puestos de la medina comenzaban a abrir, las personas salían a la calle y en la carretera se movían los coches más madrugadores. Tánger amanecía inconsciente de que un avión, lleno de ideas y reflexiones, sobrevolaba su cielo.