“La parte social del periodismo es dura, precisamente porque debe poner en el centro la denuncia social, pero además debe superar el reto de ser bello y atractivo para llegar a la más amplia audiencia posible”. Abrió así Antonio Grunfeld, coordinador de la sesión, la tarde de miércoles que esta semana ocupó el XI Seminario de Comunicación Social y Cooperación Internacional. Las voces que posteriormente se pondrían en antena, mediante Zoom, fueron las de Anna Surinyach, fotoperiodista y editora de la Revista 5W, y Mingo Venero, fotógrafo documental y un clásico de nuestro seminario.

Comenzó Surinyach, con fuerza desde el primer minuto. “El fotoperiodismo, como cualquier otra rama del periodismo, debe contar una historia; las fotos son importantes para complementar al texto pero también deben informar, emocionar y hasta señalar e interpelar al que la observa por sí misma”. Así, la ponente, definió la que es su profesión, su modo de vida y dio rienda suelta a una charla amena, biográfica pero a la vez dominada por la imagen y el debate sobre ella. No en vano, ya las primeras fotografías que mostró sirvieron para contraponer ideas, siendo la primera de las que salieron a la palestra una del histórico reportero Don McCullin. A través de ella, el alumnado y Surinyach conversaron sobre la cuestión moral de disparar la foto ante ciertas situaciones en crisis humanitarias o no.

Precisamente en una de esas crisis, la de la migración en el Mediterráneo, la relatora de la sesión se encontró con varios conflictos morales internos. Ella definió esta crisis como “la de la Unión Europea con sus valores”. En los barcos de rescate, Surinyach pudo conversar y fotografiar a muchos de los migrantes. Uno de ellos, le dijo una frase que no se le olvida: “no solo tenéis que contar lo que está sucediendo vosotros, la prensa europea, sino que soy yo quien le quiero contar a mis hijos lo que le pasó a su padre y a tantos otros”. Esa conciencia la impresionó.

La ponente contó al alumnado sus experiencias y anécdotas de trabajo, además de hacerles pensar con sus palabras y sus fotografías. Defendió, durante toda la exposición, que la fotografía es básica para la denuncia en el presente, pero también para la memoria colectiva en el futuro, “por ello es importante seguir documentando una época, una realidad y unos hechos”. Tal como le pasó a ella cuando se enamoró de la fotografía, “una imagen no sé si vale mil palabras, pero debe generarle a quien la observa mil preguntas”.

“¡Te vas a acabar pasando al audiovisual!”, le decían a la ponente en el chat. Fue premonitorio, pues Anna cerró su parte de la sesión presentando #boza, un cortometraje que relata cómo los migrantes se comunican con sus seres queridos a través de las fotos y del video. “Ha sido una manera de cambiar mi modo de trabajo, algo muy enriquecedor, ya que pienso que a veces el audiovisual es más adecuado que la foto o el texto”. Acto seguido, pulsó el play del trailer de #boza, que el alumnado disfrutó en exclusiva, antes de su presentación. “¡Ojalá algún día mi próxima sesión en este Seminario pueda ser en persona!”, concluyó la ponente.

“La fotografía vino a mí, como lenguaje, medio de expresión… Y como excusa para viajar y conocer mundo”. Comenzó Mingo Venero su parte sincerándose, enseñando los motivos que lo llevaron a ponerse la cámara al cuello. “Al principio empecé a utilizar la herramienta de la fotografía como una afición, hasta que, luego de encontrarme con unos niños en la calle y sacarles unas fotos, vi que existía una reflexión tras esas imágenes que hablaba de la sociedad, de la realidad cotidiana”. Reconoce que le da pena que hoy, a pesar de que lo primero sean los derechos de los menores, no se pueda fotografiar “esa espontaneidad, esa inocencia de los niños”.

Desde momentos cotidianos hasta la verdadera acción, Venero subrayó observando y compartiendo sus imágenes “la importancia de entender y empatizar”. Sin hacerlo, será muy difícil que nuestro trabajo como profesionales o principiantes de la fotografía tenga un calado social, más allá de una imagen bien compuesta o con la luz adecuada. “Pueden ser buenas oportunidades los trabajos con organizaciones sin ánimo de lucro, que permiten viajar y conocer otras realidades”, aunque Mingo es de los que piensa que en la proximidad también hay mucho por hacer.

De este modo, con este tipo de consejos, el ponente repasó su porfolio, hablando tanto sobre conceptos teóricos sobre como “batallitas” propias del trabajo en terreno. De la mano de Mingo Venero, el alumnado viajó a Uruguay o a Bolivia, donde el fotógrafo cántabro retrató las minas de Potosí. A continuación, fue mostrando un corto documental realizado por el propio ponente y centrado en este lugar y sobre todo en sus gentes, casi como si de un documental etnográfico se tratase. “Un reportaje como este sirve para contar la historia de los mineros, y a pesar de ser un producto audiovisual, recoge los valores y modos de trabajo de mi fotografía documental”. Bromeó también Mingo, puntualizando que “es importante decirles que no eres un turista”.

Se abrió la veda del pragmatismo cuando, desde el chat, comenzaron a lanzarle a Mingo preguntas sobre financiación. El ponente les recomendó trabajar, crear y ampliar un porfolio. “Me fui formando, a pequeña escala, con cursos y seminarios de aquí y de allá, hasta que llegaron las primeras becas para avanzar en mis proyectos”. En cuanto a la creación de un porfolio, para Venero “el mejor porfolio son fotos sueltas, en una web, pero también tener una carpeta con algo físico, que deben ser mostradas a los ojos correctos para que más tarde, esas fotos, se traduzcan en proyectos remunerados y contratos”. “Seré un antiguo, pero tener la foto en papel, para mi, es fundamental”. Mingo tomó forma de gurú, respondiendo a esas y otras preguntas, desde, por ejemplo, los métodos de abordar a un desconocido para fotografiarlo hasta explicar lo que debe contener una mochila para hacer un buen reportaje fotográfico.