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Reportajes Rumbo al penal: varias historias en un mismo contexto, la prisión
Viernes 02 de Septiembre de 2011 11:07

Rumbo al penal: varias historias en un mismo contexto, la prisión

por Priscila Hernández Flores
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Torre de control del Penal de Puente Grande Jalisco, en México. Torre de control del Penal de Puente Grande Jalisco, en México. Jorge Alberto Mendoza

Como Madre, Gloria, considera que es su deber no dejar de visitar a sus hijos. Como Esposa, Rosa Elena, cree que dejar de visitar a su esposo que está preso no sería lo correcto. Como Hija, Josefina piensa que si no ve a su padre es mala mujer. Las tres viajan en un camión rumbo al penal. Están libres pero siguen visitando a sus familiares presos.

De la Antigua Central Camionera todos los días cada diez minutos, y hasta cinco minutos, desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde, salen camiones de la Ruta Oriente rumbo al Penal de Puente Grande Jalisco.

Rosa Elena Rosas Casillas toma ese camión desde hace 10 años. Viaja de Acatic a la Antigua Central Camionera y de ahí al Penal. Viajar cada semana es cansado, agotador “muy pesado, a veces son cosas que la gente dice ahí todos son inocentes, el mío si lo es y no se pudo hacer nada”.

Durante una hora el camión viaja desde la Antigua Central Camionera, pasa por Zaplotanejo y en el crucero del penal da vuelta. Este camino lo sabe de memoria, Rosa Elena, lleva una década recorriéndolo y cada día se encuentra a pasajeras diferentes.

El camión va lleno. Se sube un vendedor de “cacahuates”, grita “3 x10”, algunas señoras aprovechan para llevar algo más a sus internos. Sale el autobús, las ventanas están atoradas, no circula el aire y a alguien le gana el hambre y saca sus pescuezos de pollo; en otro asiento, llora un niño que va acompañando a su mamá, que también carga regalos y comida para su preso. En el camión viajan las mujeres de color negro, rosa, verde, todo menos, Beige, es el color prohibido, como prohibidas son las piñas o cualquier fruta que produzca alcohol.

El camino hacia la prisión

De ida el camión huele a comida, sobaco y pañal usado. Cuando las mujeres no cocinaron antes de irse al penal, compran pollo frito con la receta secreta, o unas encebolladas tortas ahogadas para no llegar con las manos vacías.

Una mujer acepta hablar pero sin nombre, carga refractarios con comida, su hijo dentro del Penal “lava y plancha ropa ajena”. Afuera jamás le había ayudado, preso se hizo un experto en mantener blancos perfectos, de esta forma gana dinero para vivir en la prisión.

En otro asiento está Ramona, lleva pescado fresco para freírlo, lo acompañará con salsa mexicana y tortillas, en el área común del penal junto a su hijo “lo comparte con dos compañeros, lo que alcance si dicen “me regala un taco” se lo regalamos”. Adentro se aprende a compartir para sobrevivir.

Gloria, lleva una bolsa color blanco, que tejen dentro del penal, ahí guarda milanesa y sándwiches para sus hijos presos, cada visita procura llevar: Jamón, crema, pan bimbo “para que tenga para la semana, no les gusta la comida que dan ahí” y “a veces le llevo pastas, lentejas o maruchas”.

Mira el calendario y espera que llegue la fecha en la que salgan sus hijos, uno saldrá el próximo año y otro hasta el 2018. Reconoce que sus hijos no fueron acusados de algo falso, que los dos robaron coches, es mejor verlos tras las rejas “que ir a rezarles al panteón”.

Las hijas de hombres presos también son pasajeras que domingo a domingo viajan en la Ruta Oriente. Josefina le lleva a su padre lo básico para sobrevivir en el penal: Papel de Baño, jabón, comida y varias cajetillas de cigarros. Tiene 6 años visitándolo y esperará a que cumpla su sentencia, que aún no le dictan.

La madre, la hija, la esposa

La Madre, la hija, la esposa, son las que viajan hasta en un 80 por ciento en la ruta Oriente, los hombres que usan esta ruta o son aquellos que deben ir a firmar porque salieron libres bajo fianza, o un abogado que se le descompuso su coche y prefiere tomar el autobús.

Es una ruta femenina, se debe a que en ese camión se reproducen estereotipos y formas de vivir y concebir lo que es ser mujer en la sociedad. La Investigadora de la Universidad de Guadalajara, la Doctora Guadalupe Ramos experta en temas feministas explica que “prefieren seguir sujetas a ellos (los hombres) aún estando reclusos, esto te lo explicas con el entramado social en donde se sigue considerando que los hombres son los que tienen la última palabra, aún en esas circunstancias”.

Cuatro años visitando el penal. Le faltan otros cuatro para que el hijo de Doña Ramona salga libre “No sería capaz de dejarlo de ver, soy su madre y aunque hayan robado, porque sí robaron, jamás dejarán de ser mis hijos”. Son palabras que permiten comprender la presión social que tienen las mujeres de seguir visitando a algún familiar preso. En el reclusorio, explica la Doctora Guadalupe Ramos, se ejemplifica cómo las mujeres tienen arraigada su identidad en los otros “ella es en la medida de lo que es para los demás”. Hay mujeres que la comida que llevan para sus presos es algo que ellas ni siquiera comen a lo largo de la semana, son manjares que se reservan para el esposo, el hijo o el padre preso.

Como visitadora en la Comisión Estatal de Derechos Humanos durante la administración de Guadalupe Morfin, visitó los reclusorios y conoció que es más común que las mujeres visiten a los hombres que un hombre vaya de visita al reclusorio “femenil”. “Ocurre un fenómeno muy especial, las mujeres que pueden ser muy solidarias con los hombres cuando están presos, en días de visita llega la esposa, la novia, la esposa, van cargadas de comida para atenderlos como si fuera un día de campo. Estas mismas mujeres no lo hacen de la misma manera cuando es otra mujer la que está presa”.

El abandono de la mujer en prisión

Los camiones que van rumbo al penal, al llegar al centro penitenciario se detienen primero en el Reclusorio Femenil, ahí solo 3 personas se bajan, cuando llega al reclusorio varonil queda vació el camión. Las mujeres son abandonadas, lamenta la experta en temas de género, Guadalupe Ramos “en una sociedad patriarcal, misógina y machista en donde se determinan roles específicos para los hombres y las mujeres, cuando las mujeres cometen un crimen son estigmatizadas y excluidas, terminan lazos familiares incluso muchas reciben la demanda de divorcio cuando están presas”.

La también representante en Jalisco del Comité en América Latina y el Caribe para la defensa de las mujeres advierte que muchas veces las mismas mujeres que acuden a visitar a sus internos terminan presas porque tiene que ver con ese nexo que tenían las mujeres con algún interno, que las obligó, les pidió o le quisieron hacer el favor a la pareja, al hijo para introducir droga.

Rosa Elena Rosas sale del penal con recipientes vacíos y fajos “piteados” que hace su esposo y ella vende para tener dinero. Es un ejemplo de cómo cambia la dinámica familiar cuando alguien está preso, describe el psiquiatra de la Universidad de Guadalajara Vicente Molina Ojeda “trae como consecuencia serios desequilibrios desde el punto de vista social, moral, económico, emocionales y psíquicos, y físicos en las personas que están rodeando al preso”.

Los choferes de la Ruta Oriente tienen una presión distinta a otras rutas. Rubén es el piloto de un viaje estresante “quieren que le pises más, cuando salen peor porque llevan la frustración de dejar a sus seres queridos adentro”. 45 lugares van ocupados y en el pasillo las bolsas, los niños y los que no alcanzaron lugar. Soporta gritos y hasta mentadas de madre por las señoras que tienen prisa para llegar al penal para pasar las tortuosas revisiones.

Hay mujeres que prepararon la comida, cargaron la bolsa y en las filas de la revisión simplemente no las dejan pasar por que se les olvidó algo. Estas historias las conoce el Chofer José, con veinte años manejando esta ruta “es un pasaje difícil porque se la viven en filas, fila para entrar, fila para el camión, fila para todo”.

Madres entregadas a sus hijos

Doña Gloria religiosamente visitará a sus hijos presos, confía que “aquí adentro se pueden recuperar un poquito, puedan sentar cabeza, aunque no creo, pero a lo mejor salir cambiados” Al Salir del Penal va sonriente, a sus hijos les gustó la Milanesa y hasta bailó con otros internos “sacudimos la polilla con un grupo norteño”. Se despide de sus hijos. Martha Alicia carga con su refractario vacío, toda la “tinga” que preparó se la comieron, de regalo lleva una flor rosa fluorescente con un letrero “para la flor más hermosa del mundo: Tú”.

En el camión que va atascado, otras mujeres hacen maniobras para agarrar a los niños y detener las artesanías que hicieron sus presos. Otras salen llorando, se retuercen en el asiento para que no se vean sus lágrimas rodar. Todos los días desde la Antigua Central Camionera es la misma travesía, un éxodo al penal para reencontrarse por unas horas con los que pasarán días, años y hasta décadas tras las rejas.

  • Jorge Alberto Mendoza
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Priscila Hernández Flores

Priscila Hernández Flores

Priscila Hernández Flores es reportera en la Universidad de Guadalajara especializada en derechos humanos, personas con discapacidad, personas en otras situaciones de vulnerabilidad. Forma parte de la red de comunicadoras del proyecto ONU/Sida en Latinoamérica. En el 2006 ganó el Premio Tiflos de la Organización Nacional de Ciegos de España. En Marzo de 2009 recibió el Premio Rey de España por el trabajo “La Discriminación viaja por Avianca”. Fue Nominada en el Premio de la Fundación Nuevo Periodismo de Gabriel García Márquez en la categoría de radio en el 2009. Actualmente, ejerce como corresponsal de Agareso en Mexico.

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