Un día de 2012 en un pueblo de Siria me cambió. Llegamos a un funeral de un niño y allí se encontraba una señora que parecía ser la abuela. Me arrepentí en aquel momento de fotografiarla. Sin embargo, cuando todo acabó se acercó a nosotros, me besó las manos y me dijo: “Voy a rezar por vosotros para que salgáis del país con vida y contéis cómo nos están matando”, Antonio Pampliega.

Oscuridad en el aula y en las expresiones de los asistentes. El visor a través del cual podían ser testigos de la crudeza de la guerra no serviría, como explicaba Antonio Pampliega hablando sobre sus experiencias en zonas de conflicto, como parapeto para no enfrentarse a la realidad. Alumnas y alumnos se veían sorprendidos por el propio asombro que las imágenes e historias que traía el periodista les habían causado en esta sexta sesión del IX Seminario de Comunicación Social y Cooperación Internacional. Una jornada dura, intensa y con inesperados golpes de una realidad cruel, silenciada y desconocida.

Antonio Pampliega, periodista especializado en zonas de conflicto, protagonizaba la sesión sobre comunicación de guerra que comenzaba con pocas palabras y las miradas centradas en el proyector. Imágenes de combate y hospitales sin censura impactaban a estudiantes y profesionales del mundo de la comunicación y cooperación, quienes nunca habían tenido acceso a esta realidad en bruto. Pampliega dedicó la primera mitad de la sesión a acercar a los asistentes la vida de los países y conflictos de los que había sido testigo su cámara. Así, explicó la importancia del comunicador a la hora de denunciar, haciendo hincapié, sin embargo, en el respeto a la víctima como criterio fundamental a la hora de publicar. En esta línea, añadió críticas a los métodos de trabajo y criterios de selección de medios destacados, por falta de calidad, respeto, empatía, y abundancia de morbo.

Al otro lado del aula, los alumnos continuaban sin parpadeos. La entereza del periodista sorprendía a muchas de las jóvenes promesas, aunque Pampliega respondía a su sorpresa explicando que, volviéndose inmune el periodista, sus fotografías dejarán de transmitir. Por lo tanto, explicaba, la empatía es un valor fundamental tanto en su trabajo, como en la propia sociedad receptora de este contenido. Sin embargo, el madrileño se lamentaba afirmando que esta era una de las mayores carencias de Occidente que además desemboca en la propia inacción.

Siria, Afganistán, Somalia, Sudán del Sur o Haití, entre otros muchos destinos, fueron los protagonistas de historias a las que Antonio Pampliega pudo dar voz durante esta tarde de miércoles en la Facultad de Ciencias de la Comunicación. Un infrecuente silencio por parte de los asistentes dominó gran parte de la ponencia, dejando paso a realidades que algún día confiaron en un comunicador como único atisbo de esperanza.

Crónica: Uxía P. Fieiras
Fotografías: Marcos Fernández