José Ignacio Wert, el nuevo ministro de educación, no quiere pasar por menos, quizás ya para entrar en el Guinness de los récords en reformas educativas.
Aunque no presenta una ley nueva, en la practica, estamos delante de cambios sustanciales que afectarán de manera profunda a todo el sistema. No quiero ahora analizar las reformas anunciadas por el ministro en la Comisión de Educación del Congreso de los Diputados. Tiempo habrá. Me limitaré a hacer algunas reflexiones sobre la decisión de suprimir la materia de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos. Por cierto, por que olvidamos esta segunda parte de la denominación de la materia tantas veces?, Sólo por economía del lenguaje?. Ahora tendremos una denominada Educación Cívica y Constitucional. Sí fuera sólo una cuestión terminológica, poco problema habría... aunque yo, personalmente, gusto más de Ciudadanía y Derechos Humanos que de Cívica y Constitucional, para qué engañarnos.
Ya sabíamos de las intenciones del PP. Fue un caballo de batalla, antes, durante, y después de aprobarse su implantación en 2006. En las anteriores elecciones y en las últimas, Mariano Rajoy anunció reiteradamente que la suprimiría. Eso era lo que demandaban los sectores más integristas de dentro y había sido de su partido, la desaparición pura y dura. Sin alternativa. Paulatinamente empezaron a escucharse voces, bastante tímidas, de sustituirla por una materia menos “problemática”, más “neutral”, menos “controvertida”.
Pola su origen, a sociología, por sus estudios de opinión y los comentarios manifestados en diversos medios y tertulias, Wert no parecía un integrista, y menos un mentiroso. Y tiró por la vía del relevo. Sí escuchamos a los que aplauden con las orejas veremos cuáles son los intereses que se esconden detrás de la decisión. Algunos, los más extremos, la jerarquía eclesiástica, las asociaciones católicas, los sindicatos derechistas, estaban por la supresión, sin más miramento. Eran partidarios de dedicar esos tiempos de "relativismo moral" y “doctrina socialista” a las matemáticas o a las lenguas, que falta hacen...
Ni unos ni otros pensaron, por ejemplo, en el horario de la religión adoctrinadora cuando suspiran por un mejor aprovechamiento lectivo...
La idea de una materia como la anunciada, Educación Cívica y Constitucional, neutra, aséptica, despojada de controversias, no es nueva. Se trata, en definitiva, de retirar lo que los centros concertados religiosos ya habían adaptado a su propio ideario, como hizo la FERE, es decir, modelos familiares, pluralidad social, diversidad, derechos de las mujeres, igualdad, minorías, derechos humanos, maneras de vivir, y todo aquello relacionado con las relaciones interpersonales, la sexualidad, los anticonceptivos, aborto, y demás asuntos de la entrepierna, que tanto preocupan a algunos. Pero no era necesario mentir o sacar un libro, que no es de texto, para justificar. Sola la burda manipulación interesada.
A la espera de conocer con exactitud los temas concretos, por la ya avanzado, los nuevos contenidos serían asuntos ya abordados en las materias de sociedad, sobre todo, historia europea y valores constitucionales. Como anunció el propio ministro, lejos de cualquier tentación de adoutrinamento ideológico, faltaría más...
La Conferencia Episcopal, la principal opositora a la Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos, junto con los sectores más "ultracentristas", lo TDT Party, se apresuraron a aplaudir la decisión. Los mismos que adoctrinan a diario, dentro y fuera de la escuela, concertada o no, los que añoran la imposición de sus propios valores morales privados a todos -qué tufo a nacionalcatolicismo-, los que promovieron una auténtica cruzada mediática y movilizadora contra Ciudadanía, los objetores, aquellos que predicaron incluso la desobediencia civil, están hoy de enhorabuenas. Sus tesis y su apoyo se ve ahora bien recompensado. Todos a los pies de las sotanas de Rouco...otra vez, las cosas a su camino, como Dios manda...
Tal y como he comentado y escrito, en esta cuestión, como en otras, somos una auténtica anomalía histórica. La intolerancia está tan alentada desde instituciones religiosas y políticas que incluso ignoramos las recomendaciones internacionales que firmamos, del Consejo de Europa, de la UE, de la UNESCO, de la ONU, en relación con la ciudadanía democrática y los derechos humanos desde hace ya muchos años.
Federico Mayor Zaragoza afirma que “el aprendizaje de la democracia es la pedagogía de la paz”. Sí excluimos los asuntos “controvertidos”, “problemáticos” de la escuela, estaremos anulando la capacidad crítica del alumnado. O acaso la democracia, la paz, la dignidad, la desigualdad, la injusticia, la no discriminación, la libertad, Europa... no son temas controvertidos?. Y sí nos referimos a las actitudes, a los valores, o a las normas?.
Sí por adoctrinamento entendemos el conjunto de medidas y de prácticas educativas, y de propaganda, usadas por las élites sociales dominantes como medio de control social, las reformas, mejor dicho, las contrarreformas, anunciadas por José Ignacio Wert, y particularmente, la supresión de la materia de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos para sustituirla por una Educación Cívica y Constitucional “neutra” tiene, también, una clara intencionalidad ideológica ya que, bajo una apariencia de neutralidad educativa, se esconde siempre un código ético, explícito o no. Del que se trata es de saber sí ese código que sustenta ese modelo educativo es el mínimo común denominador para convivir en democracia, las virtudes cívicas, o se trata, por lo contrario, de un código moral privado de creencias, costumbres y tradiciones a imponer al conjunto de la sociedad.











