El desastre humano de la cárcel de Comayagua, en pleno corazón de Honduras, es fruto de una falta de “todo” en el cumplimiento de los Derechos Humanos. La cifra podría acariciar los cuatro centenares de muertos atrapados en un incendio de un centro penitenciario que, por las características conocidas, más bien representaría a los presidios de antaño. Un espacio de reclusión convertido en una ratonera mortal ante la ausencia manifiesta de responsabilidad gubernamental, administrativa y profesional.
Ante la condena de la ONU al Estado español por la muerte del senegalés Sonko, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) recuerda la obligación de las Fuerzas de Seguridad de garantizar la seguridad de las personas refugiadas y facilitar su acceso a la protección internacional. La víctima provenía de una región de Senegal inmersa en un grave conflicto y podría haber solicitado protección internacional si los agentes españoles hubieran respetado los procedimientos legales.

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